miércoles, 31 de agosto de 2011

Verano.

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Los pasos dados hasta ahora, las ventanas del ayer están cerradas. Estoy firme, mis pies están preparados para pisar fuerte, con disposición a recibir todo lo que venga con los brazos abiertos y mi mejor sonrisa.

El ahora es lo que sé con certeza.

El verano termina.
Ya llegó la hora de retomar el blog.
Han ocurrido tantas cosas, que no sabría como empezar.
Comenzó con despedidas, desengaños, desesperanzas, tristezas...
Pero conforme iban pasando los días, un hilo de luz iba asomándose por la rendija de esa puerta llamada "Felicidad". He aprendido tantas cosas...de las que la mayoría me han hecho ser mas fuerte,aprender del prójimo y valorar lo que tengo a mi alrededor con más fuerza que antes.

Conforme iba pasando el verano, he conocido a muchas personas; altas, bajas, delgadas, anchas, rubias, morenas....de todas las edades y sexos, de todas nacionalidades...de las que me quedo con lo que me han enseñado, he aprendido a valorarme más, y a escuchar a las personas más de lo que lo hacía antes y sobre todo a saber que cuando tu das, tienes que recibir, y eso me lo enseñó alguien que retomó mi vida, que a partir de ahí vinieron las bienvenidas, esperanzas y sonrisas, muchas sonrisas...entre otras cosas...La Felicidad.

Cuando llega el verano, todos se despiden para el próximo curso, para el regreso de las vacaciones, algunos van sin rumbo fijo, otros por evadirse, otros por encontrarse a uno mismo...Yo simplemente quería ser yo, y quererme a mí misma. Y lo estoy consiguiendo.


Junto a esta canción y este clima con olor a lluvia (cómo a mi me gusta) doy por terminado el verano.

http://www.youtube.com/watch?v=-E4FRtrD9aQ

Con la lección aprendida, la defensa alzada y un par de moratones en mi interior (metafóricos, claro) doy por finalizada mi etapa estival. Inauguro la etapa otoñal menos aletargada pero igual de feliz.

La reflexión que hago al final del verano y que quiero compartir es la siguiente:
La gente que realmente tiene que ser importante en tu vida, se reconoce por los pequeños detalles, no por las grandes palabras, y hay que saber valorarlos y, a poder ser, hacerles saber que son importantes, para que nunca tengan dudas. Al final, quien habla mucho no te sacará del pozo; te sacará el que te tienda su mano y estire de ti.

SOY FELIZ.